El “industricidio” actual afecta a obreros textiles correntinos y a la producción local

La historia del desarrollo industrial en Argentina siempre estuvo atravesada por desafíos económicos y políticos, y la provincia de Corrientes no ha sido ajena a esa realidad. A pesar de las recurrentes crisis que marcaron la economía nacional, distintos empresarios apostaron a instalar fábricas textiles en el territorio correntino, convencidos de que el sector podía convertirse en un motor de crecimiento regional y generación de empleo.

Entre esos proyectos se destaca la hilandería Tipoití, fundada en 1949 por la familia Seferián. También la empresa vinculada a la familia Karagozian, que entre 1979 y 1980 puso en funcionamiento una planta textil en Monte Caseros. A estos emprendimientos se sumaron otras inversiones importantes, como la instalación de la firma Emilio Alal en la ciudad de Goya en 1994 y la llegada de Alpargatas a Bella Vista en 1981. Todas estas iniciativas surgieron en contextos económicos complejos, pero sus impulsores confiaron en el potencial del país para desarrollar una industria textil sólida.

Durante décadas, estas fábricas atravesaron diferentes etapas, alternando momentos de crecimiento con períodos de dificultades. Sin embargo, en los últimos años el panorama volvió a complicarse y muchas de estas empresas enfrentan serios problemas debido a la caída del consumo, la competencia externa y las transformaciones en el contexto macroeconómico.

En el Nordeste argentino, especialmente en los últimos veinte años, el sector textil había mostrado signos de recuperación y expansión. Varias compañías incluso ampliaron sus instalaciones y avanzaron hacia procesos más integrados, pasando de la producción de hilados a la fabricación de telas y confección de prendas. Un ejemplo de ese proceso fue la inversión realizada por TN Platex en Monte Caseros, donde se inauguró una ampliación de aproximadamente 18.000 metros cuadrados tras una inversión cercana a los 20 millones de dólares, sumándose a la modernización de la planta realizada en 2017.

Sin embargo, la situación comenzó a deteriorarse recientemente. A principios de este año, la empresa anunció dificultades financieras que la llevaron a pagar los salarios de sus trabajadores en cuotas. En Bella Vista, por su parte, la planta textil atraviesa una etapa de incertidumbre marcada por la reducción de turnos, suspensiones y ajustes vinculados a la caída de las ventas.

El caso más crítico se registró en la ciudad de Goya, donde cerca de 240 trabajadores de la planta Textil Emilio Alal perdieron sus empleos tras el cierre repentino de las instalaciones a fines de enero. Se trata de una compañía con más de cien años de trayectoria, fundada en 1914, que a lo largo del tiempo desarrolló actividades industriales en distintas provincias como Buenos Aires, Chaco, Santa Fe y Corrientes.

Tras el cierre, los propietarios trasladaron el domicilio fiscal de la empresa a la ciudad de Reconquista, donde se inició un proceso de concurso preventivo de acreedores. Paralelamente, manifestaron su intención de reorientar su actividad hacia la importación de productos textiles terminados, una decisión que refleja los cambios que atraviesa el sector.

Para los trabajadores despedidos, la situación es especialmente difícil, ya que deben buscar nuevas oportunidades laborales en una ciudad del interior provincial donde la oferta de empleo es limitada. La industria textil argentina enfrenta además una caída significativa en su nivel de actividad, con una fuerte reducción de la producción y de la utilización de la capacidad instalada.

Según distintos sectores vinculados a la actividad, los más afectados por esta crisis han sido los empleados dedicados a la confección de prendas. Mientras algunas empresas reducen su producción o cierran sus líneas industriales, otras mantienen actividades vinculadas al procesamiento de materias primas, como el desmote de algodón, orientadas principalmente a la exportación.

En este contexto, representantes sindicales y trabajadores del sector advierten que la apertura de importaciones y las dificultades del mercado interno están generando un escenario complejo para la industria nacional. Frente a esta realidad, muchos consideran que el desafío hacia el futuro será encontrar un equilibrio que permita sostener la producción local, preservar los puestos de trabajo y fortalecer el desarrollo industrial en las economías regionales.