La empresa argentina Lumilagro, una marca histórica vinculada a la producción de termos en el país, anunció un cambio profundo en su modelo de negocio luego de más de ocho décadas de actividad industrial. Tras 83 años fabricando productos en territorio nacional, la compañía decidió interrumpir la producción local de ampollas de vidrio y avanzar hacia un esquema basado principalmente en la importación de termos provenientes de mercados asiáticos como China, India y Vietnam.
La firma, fundada en 1941, supo consolidarse durante décadas como un referente del sector, llegando incluso a ser la única fábrica de ampollas de vidrio para termos en todo el continente americano. Sin embargo, el fuerte descenso en las ventas durante los últimos años terminó impactando de manera decisiva en la actividad productiva. De acuerdo con datos de la empresa, las ventas registraron una caída cercana al 50 % en los últimos dos años, lo que llevó a la compañía a replantear su estructura y su forma de operar en el mercado.
El director ejecutivo de la firma, Martín Nadler, explicó que la empresa atravesó diferentes crisis económicas a lo largo de su historia, pero logró mantenerse en pie durante varias décadas. Recordó que momentos difíciles, como la crisis económica de fines de los años noventa, fueron superados gracias a cambios en el contexto macroeconómico que favorecieron la competitividad de la industria local. Incluso señaló que entre 2002 y 2013 la empresa vivió una etapa de crecimiento y expansión, alcanzando niveles récord de ventas.
No obstante, la situación actual es muy distinta a la de aquellos años. La retracción del consumo y las dificultades del sector industrial llevaron a la compañía a reducir significativamente su estructura productiva. En términos laborales, el impacto también fue considerable. Mientras que en 2013 la empresa llegó a contar con unos 350 trabajadores, en la actualidad mantiene una plantilla directa de aproximadamente 50 empleados. Según explicó Nadler, en 2022 la compañía todavía contaba con unos 220 trabajadores, pero en los últimos dos años se implementó un proceso de reducción de personal mediante retiros voluntarios que afectó a alrededor de 170 personas.
Además de la caída de la actividad económica, desde la empresa señalaron su preocupación por la competencia de productos importados y por el ingreso de mercadería al país sin controles adecuados. Nadler sostuvo que cada año se venden millones de termos en el mercado argentino, pero que una cantidad similar ingresaría de manera irregular desde países vecinos, lo que generaría competencia desleal para los fabricantes locales.
En la actualidad, la planta que la compañía posee en la localidad de Tortuguitas continúa operando, aunque con una actividad distinta a la que caracterizó históricamente a la empresa. En lugar de producir la ampolla de vidrio —el componente central del termo—, el establecimiento se dedica principalmente a tareas de personalización, como la aplicación de diseños mediante serigrafía, incluyendo escudos de equipos de fútbol o licencias de personajes de entretenimiento.
Paralelamente, la empresa analiza el futuro de otras líneas de productos, como las botellas térmicas, evaluando si conviene continuar fabricándolas en el país o si también pasarán a formar parte del esquema de importación. Este proceso refleja las transformaciones que atraviesa el sector industrial argentino en un contexto económico complejo, donde varias compañías se ven obligadas a redefinir sus estrategias para mantenerse en el mercado.







